UEFA Champions League
La temporada 25/26 del Athletic Club está dejando un sabor agridulce en San Mamés. El curso arrancó con ilusión, expectativas altas y el regreso a la Champions League como gran bandera, pero el paso de los meses ha ido rebajando el entusiasmo inicial.
Los resultados no acompañan y, más allá de los marcadores, las sensaciones transmitidas por el equipo generan preocupación. El Athletic no compite, no convence, y las carencias estructurales de la plantilla comienzan a señalarse con claridad desde dentro y fuera del club.
Un curso muy por debajo de lo esperado
En LaLiga, el Athletic ocupa la octava posición con 24 puntos, una cifra discreta para un equipo que aspiraba a consolidarse en la zona noble de la tabla. La irregularidad ha sido la nota dominante, con demasiados empates, derrotas evitables y una falta de continuidad que impide dar el salto definitivo.
El regreso a la Champions League tampoco ha sido el impulso esperado. Con cinco puntos en seis partidos, el equipo dirigido por Ernesto Valverde mantiene opciones matemáticas de avanzar de ronda, pero el panorama es complicado. El margen de error es mínimo y la sensación general es que el equipo ha llegado justo de nivel a la máxima competición europea.
A todo ello se sumó el durísimo golpe sufrido en la Supercopa. La goleada encajada ante el Barcelona en semifinales, con un 4-0 al descanso y un 5-0 final, dejó una imagen muy pobre y encendió todas las alarmas. No solo por el resultado, sino por la falta de respuesta, intensidad y soluciones sobre el césped.
Una plantilla corta y decisiones que pesan
Las miradas ya no apuntan únicamente al banquillo. La sensación creciente es que la plantilla no está completa y que al equipo le faltan perfiles diferenciales en ataque. El Athletic ha competido con lo que tiene, pero la falta de profundidad y de gol en momentos clave está pasando factura.
En ese análisis aparece un nombre que genera consenso: Borja Sainz. El atacante, hoy en el Oporto, fue una opción real para reforzar al equipo el pasado verano, pero el club no apostó con la convicción necesaria. Aquella duda estratégica es hoy motivo de arrepentimiento en los despachos.

Sainz venía de firmar una temporada sobresaliente en la Championship inglesa, con 18 goles, y estaba preparado para dar un salto importante. El Athletic lo valoró, pero no cerró la operación, y el Oporto aprovechó la oportunidad para adelantarse y ficharlo por 13 millones de euros.
Borja Sainz, el fichaje que se escapó… y vuelve a escena
A sus 24 años, Borja Sainz ha demostrado que el salto no le quedó grande. En el Oporto se ha adaptado con rapidez a un contexto exigente y competitivo. En lo que va de temporada suma cinco goles y dos asistencias en 16 partidos ligueros, además de un gol y una asistencia en la Europa League.
Su crecimiento ha sido constante y su perfil encaja a la perfección con lo que hoy le falta al Athletic: desborde, gol, capacidad para romper partidos y una amenaza real desde banda o zonas interiores. En San Mamés hay plena convicción de que habría sido un refuerzo clave para elevar el techo del equipo.
El problema ahora es económico. El valor de mercado del jugador se ha disparado hasta los 23 millones de euros, casi el doble de lo que costó hace apenas unos meses. El Oporto no tiene ninguna prisa y sabe que tiene en sus manos a un futbolista revalorizado y con mercado.
Aun así, en el Athletic no descartan volver a la carga. Esta vez, con mayor determinación. El club asume que deberá hacer un esfuerzo importante si quiere corregir errores pasados y dotar a la plantilla de ese salto de calidad que hoy se echa en falta.
La temporada todavía ofrece margen para reaccionar, pero el diagnóstico es claro. El Athletic se quedó a medio camino en su planificación y ahora paga las consecuencias. Borja Sainz simboliza esa oportunidad perdida que, con el paso del tiempo, se ha convertido en una necesidad. El próximo verano puede ser decisivo para redefinir el proyecto y evitar que la discreción actual se convierta en costumbre.
