La Liga
La aventura de Xabi Alonso en el Real Madrid fue tan breve como convulsa. Lo que comenzó con una racha sólida en LaLiga terminó en una fractura interna que el club no supo —o no quiso— reconducir. El punto de inflexión llegó en El Clásico, cuando la sustitución de Vinicius desató tensiones con pesos pesados del vestuario.
Desde entonces, el técnico tolosarra perdió ascendencia. Las discrepancias tácticas y de gestión erosionaron su autoridad hasta desembocar en su destitución. Una decisión que, meses después, empieza a generar arrepentimiento en la planta noble del Bernabéu.
De Xabi a Arbeloa: cambio sin mejora
El relevo fue interno. Álvaro Arbeloa, procedente de la cantera, asumió el banquillo con el aval de conocer la casa y con la misión de pacificar el vestuario. En ese apartado, el madrileño sí ha logrado cierta estabilidad. Pero el problema del Real Madrid no era solo de convivencia.
Con Arbeloa al mando, el equipo ha dado un paso atrás en resultados. Eliminado de la Copa del Rey por un equipo de Segunda División y a cuatro puntos del Barcelona en LaLiga tras haber sido líder hace apenas semanas, el balance competitivo es negativo. La sensación es de pérdida de identidad y de falta de rumbo en momentos clave.
El equipo no transmite autoridad. Las decisiones tácticas no han corregido las carencias estructurales y la irregularidad se ha convertido en norma. Arbeloa, pese a su control del grupo, no ha conseguido elevar el rendimiento colectivo.
Un vestuario desubicado
La raíz del problema parece más profunda. El vestuario muestra síntomas de desconexión competitiva. Falta liderazgo interno, claridad en el campo y una jerarquía deportiva definida. Xabi Alonso intentó imponer criterio, pero chocó con resistencias. Arbeloa ha optado por la conciliación, pero sin resultados sólidos.
Florentino Pérez observa ahora el panorama con perspectiva distinta. La destitución de Xabi, tomada para evitar una fractura mayor, puede haber sido precipitada. En retrospectiva, quizá la apuesta debía haber sido reforzar la autoridad del técnico y exigir mayor compromiso al vestuario.

La Champions, último hilo de esperanza
Solo queda la Champions League como tabla de salvación. Sin embargo, el cruce ante el Manchester City no invita al optimismo. El conjunto inglés parte como favorito en los octavos de final y una eliminación confirmaría un curso prácticamente en blanco.
Álvaro Arbeloa es consciente de que su etapa tiene fecha de caducidad. Salvo giro inesperado en Europa, el Real Madrid afrontará la próxima temporada con un nuevo entrenador.
El club entra en un verano que apunta a ser de reconstrucción. Y en los despachos del Bernabéu empieza a instalarse una sensación incómoda: quizá el problema no estaba solo en el banquillo, sino en un vestuario que necesitaba una sacudida más profunda.
