La Liga
Eduardo Camavinga ha pasado de estar cuestionado a convertirse en una de las piezas más fiables del Real Madrid. El centrocampista francés, que ya suma 207 partidos con la camiseta blanca, vuelve a sentirse importante en un momento decisivo de la temporada.
No hace tanto, su continuidad generaba dudas. Las lesiones y la falta de estabilidad táctica le alejaron del once, especialmente durante la etapa de Xabi Alonso, cuando no logró asentarse en una posición fija dentro del sistema.
Eduardo Camavinga, de la incertidumbre con Xabi Alonso a la confianza total
Durante el ciclo de Xabi Alonso, Eduardo Camavinga vivió una etapa de indefinición. El técnico probó distintas soluciones para integrarlo: como pivote en ausencia de Tchouaméni, como lateral izquierdo en momentos puntuales e incluso escorado a la derecha en el Clásico del Bernabéu.
Esa falta de continuidad, unida a una lesión muscular sufrida en Getafe el pasado curso, frenó su progresión cuando empezaba a recuperar sensaciones. El contratiempo físico le dejó fuera del tramo decisivo de la campaña y del Mundial de Clubes, debilitando su posición dentro del Real Madrid.
En ese contexto, su nombre llegó a aparecer en debates sobre posibles salidas. El talento nunca estuvo en discusión, pero sí su encaje estructural en una plantilla repleta de centrocampistas de primer nivel.
El efecto Álvaro Arbeloa en el Real Madrid
La llegada de Álvaro Arbeloa ha supuesto un punto de inflexión. El nuevo entrenador ha optado por devolver a Eduardo Camavinga a su posición natural como volante por la izquierda, un rol que potencia sus virtudes y reduce sus debilidades.
Desde ahí, el francés aporta equilibrio y profundidad. Recupera balones con agresividad, acelera la circulación y conecta con los jugadores más ofensivos con mayor claridad. Su despliegue físico vuelve a marcar diferencias.
Tras comenzar el nuevo ciclo en el banquillo en los dos primeros partidos —ante Albacete en Copa y Levante en Liga—, reaccionó con determinación. Entró tras el descanso en ese encuentro liguero y, desde entonces, no ha abandonado el once inicial.
Ha formado un tridente sólido en la medular junto a Tchouaméni y Valverde, consolidándose como el tercer hombre fijo en el centro del campo. En el triunfo ante el Villarreal fuera de casa incluso ocupó el puesto de Tchouaméni, firmando una actuación convincente en un escenario exigente.

La mejor versión del francés vuelve a escena
La buena dinámica de Eduardo Camavinga coincide, en parte, con la ausencia de Bellingham. Esa circunstancia le ha permitido acumular minutos y ganar confianza en un equipo que exige regularidad máxima.
Álvaro Arbeloa valora especialmente su polivalencia. Puede adaptarse a diferentes contextos tácticos sin perder intensidad ni compromiso defensivo. Además, su tendencia a jugar hacia adelante aporta verticalidad y dinamismo a la medular del Real Madrid.
En Lisboa volvió a dejar una actuación sólida antes de ser sustituido pensando en el siguiente compromiso europeo. Son señales claras de que el cuerpo técnico confía en su papel dentro de la estructura.
El verdadero desafío llegará cuando Bellingham regrese. La competencia aumentará y el técnico deberá redistribuir minutos en una medular cargada de talento. Sin embargo, la sensación actual es que Eduardo Camavinga ha recuperado crédito interno y externo.
En el vestuario reconocen que atraviesa su mejor momento en mucho tiempo. Físicamente estable y mentalmente liberado, el ex del Rennes vuelve a transmitir seguridad. De estar en la rampa de salida durante la recta final de la etapa de Xabi Alonso, ha pasado a convertirse en un pilar para Álvaro Arbeloa. El cambio de contexto ha sido determinante.
Eduardo Camavinga no solo compite por un puesto en el Real Madrid; aspira a consolidarse definitivamente como titular indiscutible en el centro del campo blanco.
