La Liga
Xabi Alonso llegó a Valdebebas el pasado verano con la aureola de técnico revolucionario. Su éxito en Alemania le otorgó crédito total para liderar un nuevo ciclo. El Real Madrid le concedió plenos poderes deportivos. La idea era clara: modernizar el juego tras la etapa de Carlo Ancelotti y construir un equipo más agresivo.
La dirección deportiva acompañó ese discurso con fichajes de impacto. Refuerzos jóvenes, caros y pensados para sostener el proyecto durante varias temporadas, especialmente en defensa y en zonas de recorrido.
Xabi Alonso y la pieza que faltaba
Tal y como cuenta el diario AS, desde el primer día, Xabi Alonso fue muy claro con la cúpula del club. Su modelo necesitaba un mediocentro organizador, un futbolista que ordenara cada posesión y equilibrara cada transición.
En el Bayer Leverkusen, ese rol fue clave. Un perfil táctico, fiable en el repliegue y decisivo en la salida de balón. En Madrid, el técnico buscaba replicar ese patrón. El nombre que más le convencía era Martín Zubimendi. Juventud, inteligencia táctica y un precio asumible para los estándares del mercado actual.
El pulso con el Arsenal
El problema fue la competencia. El Arsenal llevaba semanas avanzando en la operación y había convencido al entorno del jugador con un proyecto definido. Aun así, Xabi Alonso creyó hasta el final. La coincidencia de representantes y la admiración mutua abrían una ventana real para cerrar el fichaje si el Madrid actuaba rápido.
El internacional español esperó. Quería escuchar al Real Madrid. Sabía que jugar bajo las órdenes de Xabi Alonso podía marcar un antes y un después en su carrera. Pero la decisión no llegó. El club dudó, midió riesgos y dejó pasar el tiempo. Cuando quiso reaccionar, el Arsenal ya tenía todo cerrado.

El efecto dominó en el vestuario
Ese “no” marcó el inicio del desgaste. Xabi Alonso nunca lo expresó en público, pero en privado empezó a detectar una limitación estructural en su plantilla. Tchouaméni, Camavinga, Valverde y Bellingham ofrecían despliegue físico y talento. Sin embargo, ninguno cumplía el rol de ancla que el sistema necesitaba.
El técnico probó alternativas. Ajustó alturas, modificó presiones y adaptó roles. Nada terminó de funcionar como había imaginado en verano. La presión alta quedó descartada. Con atacantes poco comprometidos en el repliegue, el equipo perdió cohesión y sufrió en cada transición defensiva.
Xabi Alonso, Florentino y una relación tocada
Ahí comenzó la grieta con Florentino Pérez. El presidente priorizó el control económico y la flexibilidad futura. El entrenador pedía una solución inmediata. Para Xabi Alonso, el proyecto nació incompleto. Sin Martín Zubimendi, la idea original quedó condicionada desde el primer día.
El propio cuerpo técnico asumió que el plan ya no dependía solo del trabajo diario. Faltaba una pieza esencial para sostener todo lo demás. Con el paso de los meses, ese desencuentro silencioso fue creciendo. El equipo competía, pero sin identidad clara ni continuidad táctica.
La sensación interna era evidente: el proyecto de Xabi Alonso se había torcido antes incluso de echar a andar. Y el mercado de verano fue el punto de ruptura.
