El problema no es la edad, son las ganas

¿Realmente el problema del Barça es la edad de sus vacas sagradas? El caso del Bayern de Munich demuestra que no.

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Llevamos varios días donde los periódicos hablan de un cambio urgente y necesario en la plantilla del Barcelona. Varias vacas sagradas como Sergio Busquets, Gerard Piqué (este sí ha rendido, para ser honestos), Luis Suárez, Jordi Alba o Ivan Rakitic, entre otros, llevan dos o tres años paseándose por el campo y ofreciendo un nivel muy pobre para lo que cobran y muchos aficionados -y ahora directivos- piden una renovación que supone la salida de todos ellos y nosotros nos preguntamos: ¿Es realmente la edad un problema o el problema es otro?

Todos los mencionados arriba superar los 30 años. Por ello, muchos piden su salida, pensando que su ciclo está totalmente acabado. Mirando a los finalistas de la Champions actual, llama la atención el caso del Bayern de Munich. Robert Lewandowski cumple hoy, justo hoy, 32 años. Ha marcado 55 goles en 45 encuentros (una locura). 15 de ellos en Champions. Posiblemente, su mejor temporada. Y lo ha hecho el año que cumple 32, los mismos que Busquets y Rakitic y uno menos que Suárez y Piqué.

No solo está él. Thomas Müller, otro de los grandes destacados del Bayern, tiene 31 años y cumplirá 32 en apenas unas semanas. 14 goles y ¡26! asistencias esta temporada le catalogan como uno de los nombres importantes en el equipo. En la defensa, Jerome Boateng, de 31 años, le ha quitado el puesto a Lucas Hernández y vuelve a demostrar que la edad es solo un número. Lo que importa, es la cabeza. Eso sin contar los 34 años de Manuel Neuer.

El problema de los jugadores del Barça, más allá de la edad, son las ganas. Es un equipo totalmente acomodado, con sueldos y contratos grandes acostumbrados a hacer lo que ellos han querido en los últimos años. Ernesto Valverde los malcrió, permitiéndoles mucho. Todo comenzó ahí.

El técnico extremeño les daba muchos días libres, no les imponía nada y jugaban por nombre, más allá de por rendimiento. La llegada de Quique Setién no ayudó. En lugar de imponer sus ideas, el cántabro terminó cediendo ante el tamaño de las figuras que tenía enfrente. Los jugadores necesitaban un técnico de mano dura pero en su lugar, llegó alguien peor que Valverde, que los veía como ídolos más que como pupilos. El vestuario le comió y los jugadores lo vieron.

La llegada de Koeman coloca un gallo en el corral. Sus puestos están en peligro. Si quieren jugar en el Barça, ya no vale el nombre. Si finalmente logran vender a varios de ellos y se ficha a savia nueva del gusto del entrenador, Busquets, Alba, Suárez y Piqué podrían ver peligrar su puesto. Si quieren llegar a la Eurocopa (o Copa América en el caso del delantero), tendrán que jugar y currárselo en los entrenamientos. Ya lo decía De Jong, que sentía que apenas entrenaban. O las palabras de Ter Stegen, donde pedía más compromiso a los capitanes y trabajar más.

Quizá no haga falta una renovación de plantilla tan profunda. Quizá a Busquets o Alba le queden un par de años más de servicio. Piqué ha seguido demostrando que con 33 años se puede ser el mejor de la zaga y si no logran venderle, el año que le queda de contrato a Suárez podría dar algo al equipo. Lo del Bayern ha demostrado que lo que importa no es la edad sino quién está en el banquillo y cómo los motiva a trabajar.

El hambre, las ganas, para tenerlas no hace falta tener 20 años sino un líder que sepa motivarte y ponerte las pilas. Veremos si Koeman es capaz de lograrlo o termina logrando todo lo contrario.

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